domingo, 9 de noviembre de 2008

Niños saludables

ALIMENTACIÓN SALUDABLE EN NIÑOS Y ADOLESCENTES
Cuando comemos, ingerimos “comidas”, que están compuestas por “alimentos”, que a su vez están compuestos por “nutrientes”.

Alimentarse saludablemente en la infancia y adolescencia implica consumir, en cantidad y calidad adecuadas, todos aquellos alimentos necesarios para un crecimiento y desarrollo armónicos, evitando al mismo tiempo aquellos que son inadecuados y/o provocan enfermedades.
Cuando nos referimos a alimentos en cantidad y calidad adecuadas nos referimos básicamente al consumo de energía (calorías) suficiente (ni demasiado ni escasa), y a un aporte de macro y micronutrientes en cantidades suficientes para los requerimientos específicos de éstos grupos etáreos. Poniendo especial énfasis en la proporcionalidad y diferentes calidades de Proteínas, Carbohidratos y Grasas, dentro de los macronutrientes; y dentro de los micronutrientes en algunas vitaminas y minerales de especial significancia en éstas edades, como ser las vitaminas A, C, D, etc. dentro de las primeras, y el Calcio y Hierro dentro de los segundos.

FUNDAMENTACIÓN:
La alimentación es un proceso social y cultural que tiene relación directa con el estado de salud de las personas.
Los hábitos alimenticios se adquieren en la niñez y se consolidan en la adolescencia, es por ello que educar hacia una alimentación saludable implica ofrecer conocimientos, actitudes y habilidades para que ante variedad de opciones puedan tomarse decisiones saludables.
El aumento sostenido de enfermedades cardiovasculares como hipertensión arterial, infarto, accidente cerebrovascular, etc., son prevenibles con una sana alimentación y un estilo de vida activo y sin tabaco.
Además de la desnutrición, el sobrepeso y la obesidad en niños se han convertido en un problema central para la salud pública, de hecho la mayoría de los casos de obesidad en adultos y sus enfermedades relacionadas (diabetes, enfermedades cardiovasculares y óseas) tienen su origen en la infancia.
Mas allá del poder adquisitivo de cada familia y de las diferencias entre escuelas públicas y privadas, céntricas o marginales, la realidad es que la mayoría de los alumnos consumen alimentos durante las horas que pasan en la escuela. En algunos casos se les ofrece la copa de leche y algo más y otros se llevan viandas desde su casa, otros, directamente almuerzan en el colegio.
La primera impresión es que muchas veces eso que comen estaría dentro de las llamadas “comidas chatarras” (junk-food para los americanos del norte); esto es comida con un alto contenido en grasas saturadas, o trans, con muy alto valor calórico, generalmente con alto índice glicémico, con importante contenido en sodio, y variados productos químicos agregados. Todo esto aumenta la palatabilidad y fomenta un mayor consumo a partir de disminuir el nivel de saciedad.
Estos y otros factores llevaron a que ya en el año 1998 la OMS declarara a la obesidad como problema de la salud pública mundial, y que en noviembre del año 2003 la misma OMS, en el “Proyecto de prevención de enfermedades no transmisibles”, propusiera que fuese la escuela el ámbito desde donde se trabajara la dieta junto con el ejercicio físico para prevenir dichas enfermedades. Esto fue definitivamente aprobado por la OMS el 25/05/04 como: “Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud”, y en uno de sus párrafos recomienda textualmente: “…dar un enfoque orientado hacia la prevención, destinado a hacer que las opciones saludables sean las preferidas tanto a nivel individual como comunitario”.
Los niños y adolescentes como sujetos en edad escolar con capacidad de pensar y elegir, tienen derecho a una alimentación saludable. En este sentido, es necesario que los kioscos, cantinas, y comedores escolares les ofrezcan alimentos nutritivos y no perjudiciales para su salud.
Sin embargo, los niños y adolescentes son destinatarios de campañas publicitarias que los inducen a consumir cada vez más comidas de escaso valor nutricional, por lo cual se vuelve necesario que puedan ejercer una actitud crítica frente a las mismas.
Al conocer las necesidades nutricionales que requiere cada persona según la edad, sexo y actividad física que desarrolla, los padres, y los propios niños y adolescentes, cuentan con mayores posibilidades de incorporar hábitos y costumbres alimentarias saludables.
Por otra parte, los docentes deben conocer sobre alimentación saludable para poder abordar este tema en la escuela, reconociendo que los hábitos alimentarios se construyen y pueden modificarse. En este sentido, es fundamental el aporte que los docentes pueden hacer desde su función educativa, además de sostener el desarrollo del proyecto.
El objetivo de esta propuesta es instalar la problemática de la alimentación saludable en las escuelas y la familia, y así modificar el consumo de alimentos en la casa, en cantinas, kioscos y comedores, involucrando a diferentes integrantes de la comunidad educativa en la construcción de hábitos alimentarios más sanos.

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